Categoría: Relatos

  • LOVA II

    LOVA II

    “LOVA era alegre, pero también terriblemente taciturna; reflexiva, pero con grandes momentos de arrojo y locura; era tierna, pero podía partirte la cara si la situación lo merecía; pero sobre todo LOVA era una dominatriz de renombre que, sin embargo, era el alter ego de María de los Ángeles Gutiérrez, una chica virginal que ejercía de secretaria en una empresa de tratamiento de residuos (también cuando empezó su aventura de dominatriz pensó que trataría con residuos, aunque se equivocó).”

    Leyendo aquel párrafo desde la lejanía que me daba la tercera persona decidí que la única palabra que podría utilizar para continuar mi novela era: contradictoria. Desde que LOVA apareció en mi vida todo se puso tremendamente interesante y divertido, de esa forma que sólo las contradicciones consiguen complicarte la vida.

    Las paradojas e ironías formaban parte de lo que era, ya no sólo como LOVA, también con Mariángeles, y sobre todo, en la conjunción de ambas en un mismo cuerpo que sufría las consecuencias de este desdoblamiento. Que corría de aquí para allá tratando de cumplir con las obligaciones de ambas facetas, perdiendo horas de sueño, pero ganando en momentos de clímax.

    Estaba desesperada repasando aquel maravilloso enredo que quería desenmarañar para poder contarlo de una forma inteligible cuando pensé ¡mierda Mariángeles (mi yo profundo conservaba el nombre que me dio mi madre)! Empieza por lo sencillo, explica el porqué del nombre, y luego ya las historias vendrán solas. Parecía un afrenta fácil, pero acabó por ser todo un autoanálisis freudiano de porqué había elegido aquel nombre que se había convertido, además, en el único tatuaje que marcó mi piel. Hasta entonces no me había parado a pensar en la cantidad de cosas que aquella palabra representaba de manera inconsciente para mí, o quizá, me estaba poniendo neurótica otra vez, pero mi novela no podía continuar sin incluir toda esta reflexión:

    “No era casualidad que LOVA fuera una especie de error ortográfico, dentro de ella, aullaba esa loba que toda mujer deja ver más o menos dependiendo de la fuerza y las necesidades de las circunstancias, y en su caso, llevaba tanto tiempo con el bozal puesto que cuando se liberó lo hizo así con mayúsculas, desatando toda la energía que ella misma había tratado de silenciar durante años. Pero también su nombre entrañaba una contradicción, como toda ella, LOVA era una aproximación fonética (algo cutre y negrata) a lover en inglés; y es que, al fin y al cabo, dentro de todo este desparpajo y ostentación de seguridad quedaban resquicios de la “ternura” de Mariángeles que ponía toques de “amor” en todo lo que hacía. Las contradicciones podían leerse incluso en una simple palabra de cuatro letras.”

    Azalí Macías

  • Relatos Anónimos

    Relatos Anónimos

    Aquí nace un nuevo artículo en cual podéis volcar vuestras fantasías, recuerdos, historias o cualquier guarradita que se os ocurra en forma de relato.
    Esperamos el tuyo en: sexoyloquesurjablog@gmail.com

    Y allí estaba ella una vez más, en la misma habitación de siempre, en el mismo hotel de siempre, esperando a que llegase Miguel. Ese amor secreto que le quitaba y le daba vida a partes iguales. Esa doble vida que le hacía sentirse sexualmente plena.

    Mientras esperaba su llegada, Ana comenzó a imaginarse cómo sería su encuentro esa vez.  Como le abriría la puerta para que él la cogería entre sus brazos levantándola del suelo, empotrándola contra la pared sintiendo su polla dura contra su vientre… Como le arrancaría la ropa y le pellizcaría sus pezones sintiendo un placentero dolor a la vez que la penetraba de forma fuerte y dura, cuando de repente un ruido la sacó de su ensimismamiento… Más excitada y mojada que nunca fue a abrir la puerta y aunque no era quien esperaba dejó de tocar el suelo.

    Wonderwoman

  • Microrrelatos

    Microrrelatos

    Estoy en Jamaica en una playa paradisiaca, el sol acaricia mis pezones haciendo que se erecten y luzcan tan poderosos y evidentes como me gustan, y no debo ser la única que lo nota, un joven rastafari se acerca hasta mí sin quitarles ojo. Sin mediar palabra, se arrodilla junto a la tumbona y empieza a recorrer mi blanca piel con sus enormes manos negras; en mi cabeza suena ébano y marfil al creciente ritmo de los latidos de mi corazón. Después de los besos acelerados, de bajar mi tanga con tanta pasión que se deshilacha y de comprobar que sus músculos son tan duros como parecen a la vista, por fin llega el ansiado momento en el que me penetra después de mucho suplicárselo y ¡PUM! ahí es donde mi fantasía no puede continuar, tengo que aceptar que es la conocida y ridícula polla de mi novio la que se adentra en mí sobre el mismo colchón de siempre.


    Sabía que tenía que decirle a su amiga que no estaba bien que se acostara con otra persona teniendo novio, que al final Luca se acabaría enterando y le iba a hacer sentir fatal, y que si no le quería le dejara e intentara tener algo con su amante; pero, si le decía todo eso, se arriesgaba a perder los mejores orgasmos de su vida, esos que él le provocaba por debajo de la mesa cuando cenaba con Luca y con ella.


    Amarrada a aquella cama repasaba los hechos que la habían llevado hasta allí:

    Una noche de chicas, dos miradas que se cruzan en un bar, tres copas y cuatro besos después estaban en su casa.

    Tras cinco polvos que le ocasionaron seis orgasmos inolvidables, eran las siete de la mañana. A las ocho llegaba la chica que limpiaba en casa los fines de semana.

    Por los nueve euros a los que le pagaba la hora iba a ser complicado que hiciera de aquella experiencia un día diez y se pusiera a comerle el coño como tantas veces había soñado


    Le doy al play con los dedos aun empapados de mis orgasmos, repaso de nuevo aquella escena que me han dejado en el buzón en la que yo soy la protagonista, y vuelvo a excitarme.

    ¿Cómo puede ser si casi siento los temblores de la última corrida?

    Nunca pensé que alguien fuera capaz de captar toda esa sexualidad en mí, sobre todo cuando estoy limpiando la casa. Pero esos planos por debajo de mi falda, esos zoom a los pezones y la boca y el giro final de la cámara hacia la polla erecta del director son simplemente irresistibles.

    Miro la ventana preguntándome desde dónde demonios han podido grabarme.

     

    Azalí Macías

     

     

  • Lova I

    Lova I

    CAPÍTULO 1

    “Estaba tan aburrida en el trabajo que empezó a escribir microrrelatos. Decidió publicarlos con un alias dado lo explícitamente sexuales que eran. Ahora, aquel anonimato la perseguía, no podía desvelar su verdadera identidad o su fan número uno (su jefa) la despediría. Así es como LOVA se convirtió en su segunda piel y determinó el resto de su vida.

    Aquella máscara, en forma de nombre tras la que se escondía, también le daba el valor suficiente para probar todas aquellas cosas que llevaba tiempo deseando, pero que pensaba que no eran para alguien como ella. Como María de los Ángeles Gutiérrez era incapaz de sacar los pies del tiesto, pero cuando se convertía el LOVA, esos mismos pies eran lamidos por hombres rudos obligados a hacerlo”

    Sí, definitivamente así iba a comenzar la novela que tantas veces había pensado en escribir. Estaba harta de escuchar a mis amigos decirme: “tú tienes que escribir un libro”; pero estaba aún más cansada de esa pequeña voz hija de puta que me susurraba continuamente: “puede ser divertido, aunque sea duro, parece catártico, será un buen reto”.

    Volví a leer aquella presentación una última vez y pulsé el botón de guardar como si aquel gesto sellara un pacto divino inmodificable. Sabía que si no lo pensaba de esa manera volvería sobre él una y mil veces para modificarlo hasta que no tuviera sentido y la novela quedaría archivada de nuevo en mi carpeta de “Cosas transcendentales que hacer en la vida”.

    Había superado la terrible crisis del folio (electrónico) en blanco, todo el mundo me dijo que era lo más difícil, pero tener que echar la vista atrás para rescatar los desastres y maravillas de mi vida para darles una forma coherente e interesante, me parecía que hacía del folio en blanco un manso cachorrito bien educado. Respiré profundamente, crují mis dedos (más por autopostureo que por necesidad) y escribí las dos siguientes palabras.

    Esa pareja de palabras consiguió que cerrara la tapa del portátil e hiciera gala de mi tan desarrollada procrastinación. Aquella noche me acosté con el cursor parpadeando y martilleando mis neur(on)as tras cada aparición que hacía detrás de:

    Lova era….

    Azalí Macías

    Imagen: Kafreman

  • Ella y él

    Ella y él

    Ella quería atarle de pies y manos y someterle.
    Él quería que le pusiera una pinza en los pezones.
    Ella quería sentarse en su cara y obligarle a comer.
    Él quería comerle el coño hasta casi ahogarse.
    Ella quería comerle la polla hasta que se corriese en su boca.
    Él quería follarle la boca hasta correrse en ella.
    Ella quería sentirse usada.
    Él quería follarsela «a dolor».
    Ella y él, querían muchas cosas, pero lo que hicieron esa noche fue echar otro aburrido polvo mientras sentían que su monótono matrimonio daba sus últimos coletazos.

    Juanma Vázquez

    Imagen: www.andoconlasmonos,cl